Día 6287 o estamina

-Tranquila mamá, estoy bien, no va a pasar nada…Sí…Sí, yo también te quiero, hablamos mañana, un beso- Con un resoplo cuelgo el teléfono, algo cansado de oír lo de siempre. Mi madre se piensa que es peligroso salir por ahí, que no es seguro y que cuando menos me lo espere aparecerá un ladrón o algo peor. Claro que hay que tener cuidado, siempre voy con cuidado, pero no es cosa de caminar con miedo. “Déjalo, deja de darle vueltas, vamos a divertirnos”, pienso mientras salgo del autobús. Me detengo un instante y observo mi alrededor: es de noche, pero eso no impide que las calles estén llenas, es nochevieja, al fin y al cabo. La Cibeles, tan bella y enigmática, parece que me mira, que nos mira a todos, atenta, como si algo fuera a suceder.

Cojo el móvil una vez más y abro el mapa, en busca de aquel local. Buena música y bebida barata, o al menos eso dicen mis amigos. No lo sé, pues nunca he ido. En realidad nunca he salido de fiesta tan tarde, es mi primera vez, por lo que es normal que esté nervioso y entusiasmado al mismo tiempo. “Todo recto durante cincuenta metros, gira a la derecha, primera a la izquierda y segunda a la derecha”. Memorizo el recorrido, apago el móvil, lo guardo en el bolsillo y me adentro a lo desconocido.

Han debido de pasar un par de horas, aunque no estoy seguro. En efecto, la música es buena, y la bebida es barata, pero lo mejor sin duda es el ambiente. Aquí uno puede ser quien es, sin temor al acoso y a la agresión. Puedo mirar los ojos de un chico, su cara, sin tener que alejar la mirada al instante…es más, puedo acercarme y empezar una conversación.

Mientras hablamos mis amigos y yo, comienza a sonar una de mis canciones favoritas, la cual no puedo evitar bailar. Primero es el pie izquierdo, al que poco después se le une el derecho. Con la música in crescendo ya son las piernas, acompañada de mi cintura las que se empiezan a mover. Comienza el estribillo, y con él, mis brazos se unen a este dinamismo frenético que no sé si llamar baile. ¿Denigrante? Puede ser, pero sin lugar a dudas excepcionalmente divertido.

Pasan los minutos, las horas, y a medida que la bebida y el dinero se acaba aparece en mí la necesidad de miccionar, de vaciar la vejiga, de mear. Les digo a mis amigos que vuelvo en un instante, aunque dudo de que me hayan escuchado. Uno está ido, el otro sigue bailando y el último está coqueteando con un chico (bastante guapo, a decir verdad). Intento moverme entre la multitud, toda ella animada por la canción que está sonando. No sin esfuerzo encuentro el baño, al cual doy las gracias que esté vacío. Me tomo mi tiempo, no hay prisa alguna, hasta me detengo para tirar de la cisterna, lavarme las manos y beber algo de agua. Estoy a punto de abrir la puerta cuando de pronto escucho un terrible sonido que solo había oído en la ficción. La música se detiene, o desde luego el volumen disminuye de manera considerable. Silencio, un incómodo silencio que indica que algo no va bien. De nuevo, ese inconfundible sonido que esta vez resuena por todas partes, acompañado de numerosos gritos . El silencio pierde la batalla, y de pronto toda aquella escena consternada empieza a moverse, como si le hubieran dado al play. Se escuchan pisadas, pisadas rápidas, moviéndose a todas partes. Abro la puerta, y observo como ha ganado el terror. La muchedumbre se dirige apresuradamente a las salidas, pero esta se choca consigo misma y de este golpe se generan numerosos gritos

-¡¿Dónde está la salida?!- Grita alguien visiblemente aterrado.

-¿Quién ha disparado?- Pregunta otro.

-Hay tres heridos, ¿puede ayudarnos alguien?- Antes de que nadie pudiese responder se oye otro disparo, pero esta vez no se dirige a la muchedumbre, sino a las luces de la habitación. Más gritos, oscuridad, más pisadas, más disparos.

En ese momento reacciono, me encierro en el baño e intento tranquilizarme. Por suerte, tengo la salida de emergencia no muy lejos de aquí, tan solo tengo que abrir la puerta,girar a la izquierda, ir agazapado hasta las escaleras, subirlas y salir. Eso es, un plan maestro, y una vez ahí podré conducir más personas hasta la salida. Es un plan maestro, pero algo falla, y es que en él no incluyo a mis amigos. ¡Mis amigos! Abro la puerta con una subida de adrenalina. No veo casi nada, y oigo demasiadas cosas. La puerta a mi izquierda, mis amigos a la derecha. Dudo, y con una vacilante valentía giro a la derecha.

Actúo con rapidez, voy agazapado, intentando hacer el menor ruido posible, a pesar de lo improbable que es que se me escuche con todo aquella pesadilla de fondo. Otro disparo.¿Qué hago?¿Acaso quiero morir? Estúpido, que soy un estúpido, grito sus nombres y no escucho respuesta alguna. Vuelvo hacia atrás, asustado, el miedo empieza a ganar terreno, a destruir aquella valentía que me hacía buscar a mis amigos. No sé qué hacer, comienzo a llorar de furia, de repulsa, de miedo y de tristeza. De pronto, noto a alguien tirando de mi camisa. Me doy la vuelta, esperanzado, esperando encontrarme con ellos. Sin embargo me encuentro con otra cosa. Es una persona, no hay duda, pide ayuda, o al menos eso me parece, sus palabras son casi susurros que se desvanecen nada más salir,parece que no puede caminar. Todo aquel miedo que sentía un segundo antes desaparece, o no, pero sirve para encauzar mi pensamiento, me hace volver en mi, y me da fuerzas para ayudar a aquel hombre a salir.

Le toco y empiezo a sentir algo húmedo en mis manos, como agua…no, no es agua, es sangre. ¿ Cómo puedo llevarlo? No tengo fuerza suficiente, y obviamente no puede caminar, su pierna sigue sangrando, y tampoco sé como detener una hemorragia. De hacer algo lo tengo que hacer rápido. No hay otra solución, con todas mis fuerzas lo arrastro hasta las escaleras, y una vez ahí lo intento poner a mi espalda. Con gran dificultad subo un escalón, luego otro, otro más. Tengo que parar, o se me va a caer. Me detengo un instante,respiro, toco la sangre que moja mi ropa y vuelvo a subir los escalones. Solo cinco más, solo uno más…

-¡Ayuda! ¡Ayuda! Hay un hombre herido, se está desangrando, ayuda por favor- Grito con todo mi alma, pero parece que nadie me escucha. Vuelvo la mirada al hombre herido, decidido a detener la hemorragia cueste lo que cueste. Intento romper un trozo de mi camiseta, pero ya no tengo fuerzas, por lo que no tengo más remedio que quitármela. Rodeo la pierna con esta y tapo la zona herida con un torpe nudo, que se ve a la legua no durará mucho. Hace frío, pero por suerte llevo conmigo la chaqueta. Vuelvo a pedir auxilio,una y otra vez, y de repente veo una figura a lo lejos. Alguien a quien pedir ayuda. Intento arrastrar al hombre herido hasta allí, pero soy incapaz, por lo que decido ir solo. Corriendo, me aproximo a la figura , cuando de pronto escucho otro disparo.

Odio.Sangre.

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