Día 6286 o intérprete

(Sentado en una cama de hospital, vestido con nada más que una bata y su fuerte voluntad está Lázaro, mostrando un evidente nerviosismo. A su alrededor, médicos y enfermeros de lenguaje extraño hablan entre sí, ajenos de su existencia. El entorno es oscuro, frío, metálico y calculador, distante, ajeno, casi inhumano. Tan solo se escucha un pitido intermitente y susurros fantasmales hasta que de pronto…Silencio. Pasan los segundos, que parecen horas, y un hombrecillo entra en escena: MAUS. Porta una agradable y artificial sonrisa, tras la cual no hay más que avaricia.)

MAUS.-(Con fingida cordialidad.) Buenas tardes mi querido Lázaro,¿cómo se encuentra usted? (Breve silencio, Lázaro se mantiene callado.) Respecto a nuestro pequeño problema… Traigo malas noticias .(MAUS observa a LÁZARO, esperando algún tipo de respuesta que no llega.) Pero como todo en esta vida…¡Tiene solución! (Mueve las manos con deseo, imaginando tener el dinero entre los dedos. Largo silencio. Con tono seco) No podrá volver a forzar la voz, y desde luego no podrá volver a cantar ni subir a… (con desprecio) ¡montar un espectáculo!

LÁZARO.-(Con tono mordaz.) Eso no lo decides tú

MAUS.- (Irritado) No…Desde luego que no, (silencio. Con cruel ironía.) pero tampoco lo decides tú. ¿Quien querrá un intérprete incapaz de interpretar? Es una pena, una terrible desgracia, pero me veo obligado a insistir…Nosotros le podemos ayudar.

LÁZARO.-(Enfadado, forzando la voz, que suena seca y dolorida.) Ahórrate tus palabras, sucia rata. no son más que mentiras, falacias, una ilusión que me queréis hacer ver para que pierda la fe, para caer en vuestra trampa. Sí, soy un intérprete, y nunca dejaré de interpretar en esta gran obra que llamamos vida.

(MAUS, indignado y visiblemente furioso le da la espalda. Realiza un ademán de abandonar la sala.)

MAUS.- Muy bien, ese es su deseo, no le ayudaremos…¡no moveremos un dedo! (Sonríe.) No obstante, usted, actor de pacotilla deberá permanecer aquí un tiempo por su propia seguridad, tal como usted mismo firmó voluntariamente inmediatamente después de serle administrada la anestesia general.

LÁZARO.- (Con sorpresa.) ¡¿Qué?!

MAUS.- (Disfrutando de la situación.) Tal como lo oyes Lazarillo,¿acaso no te acuerdas? Me temo que me he de ir, nos vemos en un par de días. (Con sarcasmo) Disfrute de su estancia, nosotros haremos todo lo que esté en nuestra mano para que sea lo más agradable posible

(MAUS abandona la sala de un portazo. La habitación se queda a oscuras, silenciosa, tan solo acompañada de ese irritable pitido intermitente. Lo único que perturba ese mortífero silencio es el sonido de un pestillo cerrándose. La luz se apaga, y con ella, se extingue un sollozo mudo.)

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