Día 6169 o la naturaleza de la vida

Desde el amanecer de nuestro tiempo hemos estado en contacto con la vida. A medida que evolucionábamos como especie y avanzábamos como sociedad nos hacíamos preguntas cada vez más complejas, para las cuales casi nunca teníamos respuesta. Algunos, convencidos de la existencia de un ser supremo afirmaron e impusieron la creación a partir de la nada, la espontaneidad. Otros, descontentos con esta idea tuvieron fe no en un dios ni la creación a partir de la nada, sino en la razón y en el por qué de las cosas. No fueron los textos antiguos sus aliados, sino la intuición, el desarrollo y la innovación. De pronto, a través de un cristal se podía observar un mundo infinitamente pequeño. Maravillados descubrimos el ladrillo de la vida, nuestro parentesco con el resto de seres alguna vez vivos y la finalidad más biológica de nuestra existencia.

En esa busca incesante del funcionamiento de la vida comprendimos que esta es difusa, abstracta, proveniente del funcionamiento interconexo de entes no vivos; que es una perpetuación del ser, o al menos de parte de él, que interacciona con el entorno intercambiando materia y energía; y que lucha contra la tendencia universal al caos. En un mundo desestructurado y destinado al ocaso la vida lucha contra el perecer sin descanso, autorregulándose, propagándose, aún sabiendo que probablemente será inútil.

Desde mi punto de vista este es un fin noble, al tiempo que egoísta. ¿Acaso no luchamos todos egoístamente por nuestra pervivencia al tiempo que inconscientemente propagamos la vida más allá de nuestro ser? Para entender esto antes tendría que hablar sobre lo que considero que es “la propagación del ser”, que según mi parecer no es solo es un acto biológico, sino espiritual. Allá donde marque mis acciones y otros pueden interactuar con ellas propago mi ser, me inmortalizo, actúo en las manos de otros y posibilito la continuidad de la vida. Metafóricamente hablando ocurre lo mismo tras la muerte de cualquier criatura, que sirve como medio de combustible para un futuro ser. Esta es una idea hermosa, o al menos a mi me lo parece, pues en cierta manera nunca moriré.

Por último me gustaría comentar la insólita infrecuencia de este fenómeno en el universo. Llevamos años buscando vida en otras planetas. Alzamos los ojos, miramos el cielo nocturno, y esperamos ansiosos aunque sea un mensaje de  entre los miles de millones de estrellas que hay. Aún suponiendo que con la mejor de las tecnologías fuéramos incapaces de encontrar vida presente o pasada, tal vez deberíamos replantearnos ampliar el rango de lo que llamamos vida. ¿Qué está vivo? ¿ Acaso solo vive lo que siente? ¿Qué es la sensación? ¿Está un virus vivo, a pesar de no realizar ninguna función vital fuera de una célula?¿Qué hay de los priones? ¿Acaso el planeta Tierra, Gaia, que se autorregula y disminuye los niveles de entropía , interaccionando con cada una de sus partes y perviviendo en el tiempo está vivo? ¿Qué hay de una estrella masiva, que tras morir sirve de combustible para futuros soles?

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Al morir no lloréis por mi, pues la vida sin muerte no es vida, en cambio, llevadme dentro y sonreíd. Id conmigo al bosque más verde que encontréis y dejadme ahí, enterrado bajo algo de tierra para poder sentir por siempre el abrazo de mi madre Gaia, la madre de todos. No estaré muerto, pues seré parte del árbol que sobre mi crezca, seré parte de los pequeños animales que posteriormente se esparcirán en todas las direcciones… Y seré parte de vosotros, por siempre.

 

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